HISTORIA Y VALORES VICENCIANOS
Más de 150 años mirando hacia
el futuro
La historia del Colegio Purísima Concepción comenzó en 1862 con una casa familiar y una decisión que cambiaría muchas vidas. Sor Tomasa de Odriozola y Galarmendi, Hija de la Caridad, y su hermano Miguel donaron la vivienda heredada de sus padres, en la calle Ruamenor de Santander, para abrir una escuela gratuita para niñas de familias sin recursos. Quisieron que aquella casa ofreciera a otras personas la oportunidad de aprender y construir su futuro.
La escuela abrió con dos clases y fue creciendo hasta incorporar nuevas aulas de Primera Enseñanza y Párvulos. La biblioteca, el teatro y las clases nocturnas ampliaron la vida del colegio. Desde sus primeros años, la educación estuvo unida al servicio a los demás, siguiendo el espíritu de san Vicente de Paúl y santa Luisa de Marillac.
De aquellos tiempos permanece también el recuerdo de sor Emilia. Según la memoria del centro, las hermanas se ofrecieron para atender a los enfermos durante una epidemia y ella falleció a consecuencia del contagio. Su historia conserva la huella de una comunidad comprometida con las necesidades de Santander.
Los años treinta interrumpieron la actividad de la escuela. Las hermanas tuvieron que dejar Ruamenor y, más adelante, abandonar la ciudad durante la Guerra Civil. A su regreso, en 1937, reabrieron el colegio con los medios que pudieron recuperar. Las aulas volvieron a llenarse y la vida escolar comenzó de nuevo.
Pero el gran incendio de Santander, ocurrido los días 15 y 16 de febrero de 1941, destruyó el edificio. La historia del colegio recuerda que únicamente quedó la campana de la iglesia. Tras décadas de enseñanza, tocaba encontrar otro lugar donde continuar.
El 6 de agosto de 1943, las hermanas adquirieron el chalet de Saiz de Baranda, en la calle Alta. Rodeado de una huerta con árboles frutales y flores, se convirtió en el nuevo hogar de la Purísima. A finales de aquel año abrió sus puertas con dos clases de Párvulos y seis de Primera Enseñanza.
Allí crecieron también las posibilidades de formación. Junto a las enseñanzas escolares se impartían taquimecanografía, preparación para Bachillerato y Comercio y clases de costura. Eran respuestas a las necesidades de las jóvenes de entonces, con la misma voluntad de ofrecer oportunidades que había impulsado la fundación.
El colegio siguió transformándose. En 1967 se inauguró un nuevo pabellón de aulas; en 1968 se añadió el gimnasio y salón-capilla, y en 1985 llegó una nueva ampliación. La autorización definitiva de la Educación Secundaria Obligatoria, en 1998, consolidó un recorrido educativo que hoy acompaña al alumnado desde Infantil hasta el final de la ESO.
En 2012, la celebración del 150 aniversario reunió a alumnos, familias, docentes, hermanas y antiguos alumnos. La Semana Cultural, inaugurada en el vecino Parlamento de Cantabria, fue una ocasión para compartir recuerdos y reconocer a quienes habían dado vida al colegio durante tantas generaciones.
Hoy, la Purísima continúa formando parte de la vida de Santander. Las aulas y las formas de enseñar han cambiado, pero permanece el compromiso de atender a cada alumno, acompañar a las familias y abrir oportunidades a través de la educación. Los valores vicencianos conviven con nuevos proyectos y recursos que preparan a niños y jóvenes para los retos de su tiempo.
Nuestra historia sigue escribiéndose en quienes llegan por primera vez, en quienes descubren lo que son capaces de hacer y en quienes, años después, recuerdan el colegio como parte de su vida.
Desde 1862, educar ha sido nuestra forma de mirar hacia el futuro.